Huellas de la migración en tránsito por América.

Huellas de la migración en tránsito por América.

Texto Rocio de la Canal / Fotografías Verónica Ortega

Chiapas- México.

Tapachula está emplazada en la región cafetalera del Soconusco, es una ciudad fronteriza colindante con el norte de Guatemala que cuenta con cerca de 400.000 habitantes permanentes según la CONAPO[1], en la actualidad, es uno de los puntos fronterizos con más cruces de la línea sur por donde atraviesan aquellos que buscan el sueño americano. En el 2017, aproximadamente 500.000 migrantes centroamericanos cruzaron por allí, la mayoría de quienes emprenden este camino son originarios del vecino país, Honduras y El Salvador. La inestabilidad política y el riesgo económico de estos países como muchos otros latinoamericanos, la violencia, las condiciones de habitabilidad y salud, así como también, los desastres naturales que agravan aún más las realidades de aquellos que no pueden acceden plenamente a sus derechos ni escapar de la violencia, las desigualdades y carencias desgarra familias, vidas, dignidades, tomando entonces la decisión de emigrar[2].

Los datos obtenidos de los observatorios fronterizos (COLEF, REDODEM), consideran que a pesar de las medidas de seguridad nacional como el Plan Frontera Sur[3] y la nueva Ley de Seguridad Interior – más de las estrategias implementadas desde el 11 S y con la nueva gestión de Donald Trump[4] – los flujos migratorios con destino sur- norte, se mantendrán constantes.

¿Por qué migrar? Mejorar la calidad de vida, dejar atrás la violencia que los hostiga a diario, alivianarse las penas y curar los males, lo económico, lo educacional, múltiples son los factores y también las aristas para las que mirar. Desde las últimas décadas, miles de africanos procedentes de diversas regiones y etnias, congoleños, eritreos, somalíes, senegaleses, gambianos, ghaneses, cameruneses, nigerianos entre otros, se embarcan en un viaje a mar abierto, algunos incluso sin conocer el trayecto ni el destino al que arribarán, tampoco cuanto tiempo demorarán en llegar a un punto seguro. Akwa, migrante de Camerún tiene algunas variables positivas dentro de tanta desazón, es profesor universitario, habla tres idiomas además del dialecto de su etnia, sin embargo, las condiciones y posibilidades en su país lo llevaron a tomar la decisión de emigrar “hubiera preferido quedarme, pero ya el dinero no alcanza me arriesgué a venir… mi familia aún sigue allí… sabes lo que significa mi nombre? Alegría… dónde está la alegría, camino hacia aquí todo me han quitado, mira la playera que luzco, mira lo que dice: [combatamos la pobreza]… esa no es playera para mí, no quiero fotos vistiendo así..”[5] La incertidumbre, el cansancio, la tristeza, la ilusión y la esperanza se entremezclan en los cuerpos y en las mentes. Se suman a ellos migrantes asiáticos que emprenden el recorrido por tierra y mar, provienen del Oriente Medio, Bangladesh, Nepal, India, palestinos entremezclados con sirios que supieron darles refugio antaño. Solos, en familias, con niños y gestando, así se desplazan con destino y futuros inciertos, pero aún con esperanza. ¿Cuándo llegarán al lugar de sus sueños? El camino es largo, los espera una gran travesía llena de complicaciones, xenofobia, racismo, la carga de ser “el otro”; el ghanés se reserva su nombre y su edad[6], su robusta contextura corporal es su escudo … se muestra enojado, teme de nuestro rostro blancuzco, para él somos sospechosos y a pesar de que he mostrado identificación, explicarle, que no soy de la migra, ni del periódico local, no logre su confianza.

El imaginario sobre los Estados Unidos es asombroso y cada quien cuenta una historia diferente acerca de lo que encontrarán; allí estaba Justine[7] la única mujer en el albergue, hablaba un perfecto inglés, viene de Nigeria, su objetivo estaba claro, “voy a Tijuana”, movía su cabeza de un lado al otro como diciendo “no intentes cambiarme la idea, voy a Tijuana y voy a cruzar esa frontera”. En las comunidades de tránsito y acogida no hay quien les espera, se tejen amistades y enemistades en el camino, las condiciones físicas y mentales previas serán la fuerza para la supervivencia, regirá la ley del más fuerte y habrá que batallar al cruzar por la selva brasileña, sobrevivir los encuentros con las fuerzas policiales principalmente en Nicaragua y su “maldita policía”, también los grupos anti-pandilla pueden ser una amenaza para quien va en tránsito. Ser pobre, negro y migrante convertido en “criminal”, son estigmas difíciles de sobrellevar por el corazón de la América Latina, no hay treguas solo despojo.

Llegar desde el Brasil hasta el norte de Guatemala implicará cruzar la gran Amazonia a pie, arribar al Perú ileso será suerte para unos pocos, siguiendo camino al norte, será cuestión de trasbordar ómnibus, sin documentos, a veces hasta sin ropas o solo con lo puesto, llevará desde veinte días hasta seis meses de travesía. Vidas que perecen, compañeros que quedan en el camino, algunos al principio, otros al final. La falta de alimento muestra en los albergues cuerpos de piel y hueso, desgarrados por dentro y por fuera. Las pupilas proyectan dolor, aquí el caminante sin camino lucha más que por trazarlo por llegar a salvo. Arribar a Tapachula ya puede significar un alivio, la estación migratoria será el primer hospedaje regular. Allí pasarán días, tal vez meses, quien diría que es un centro de detención, de allí no se puede seguir camino si no es con oficio de salida, el único papel que podrá demostrar que el trayecto a USA es legal, solo se dispone de quince días para alcanzar el río Bravo.

En la frontera sur de México los deseos están claros, seguir adelante es la meta, la esperanza sigue intacta.[8]

[1] CONAPO es el Consejo Nacional de Población quien se encarga de relevar la demografía mexicana, mediante Censos y demás estrategias de recuperación de datos e información.

[2] Cuando se habla de migrante se suele hacer alusión a un individuo que se mueve por voluntad propia, si bien la decisión no deja de ser una opción desde la individualidad, la migración y movilidades como respuesta a la violencia de toda índole se categoriza como desplazamiento forzado.

[3] El Plan Frontera Sur fue sancionado por el Gobierno de Enrique Peña Nieto con los objetivos de “encauzar” y “proteger” a la migración en tránsito por México que ingresare en principio por la frontera sur del país.

[4] Donald Trump es el actual Presidente de los Estados Unidos de América.

[5] Entrevistas realizadas en enero de 2018 en Tapachula, albergue conocido como Mamá África. Al momento de la entrevista, estaba alojado con una veintena de personas, con 50 MXN diarios podría dormir en un cuarto con sábanas, ducharse y lavar su ropa. Había pasado un mes en la Estancia Migratoria del INM en Tapachula.

[6] Algunos tampoco la saben, algunos países del África principalmente, Subsahariana no solía tomar registro de los nacimientos por lo que muchos de los migrantes desconocen su edad, solo la estiman

[7] Justine está acompañada por su pareja, llegó al albergue a los dos días de que hiciéramos las entrevistas, fue la única que accedió a tomarse fotografías, no podrían ser de su cara.

[8] Las entrevistas se realizaron en idioma inglés por la geógrafa in situ.

Rocío de la CANAL, investigadora social en el área de la Geografía Humana y la Antropología Social de la Universidad Nacional de La Plata en Argentina, ha participado en equipos de investigación sobre migración internacional desde el año 2002, se ha desempeñado como auxiliar docente en el nivel medio y universitario, fue pasante en la Comisión de Derechos Humanos por la Memoria en la Ciudad de la Plata, actualmente estudia la dinámica migratoria en la frontera sur de México, forma parte del equipo del equipo de investigación CIG-UNLP de Geopolítica del Atlántico sur en el área de migración, asilo y refugio de grupos del Asia y África, participa de proyectos de extensión universitarios sobre la lucha contra xenofobia, racismo  y discriminación al migrante.

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